agosto 14, 2022

“Por más que te quieran, a donde vayas te miran como a un negro” | La experiencia del senegalés Ousmane N’Dong en el fútbol rioplatense



Un destino de futbolista, la pelota como aliada y el afán de progresar. Muchas infancias condensan esos tres sueños cuando se mira el futuro desde la pobreza. Ousmane N’Dong alimentó esa ilusión en su Dakar natal, con la fuerza de salir al mundo a ver qué le deparaba. Llegó a Buenos Aires en 2018, jugó cuatro años en Lanús y en 2022 se cruzó de orilla. Firmó en el club Albion -el más antiguo del Uruguay- y sigue haciéndose su propio camino en el fútbol rioplatense. El defensor senegalés, largo como una espiga, 22 años y español casi perfecto, vivió una tarde amarga en la cancha de Wanderers el 18 de junio. El racismo, acaso el mal endémico con más siglos de historia, lo transformó en víctima y noticia al mismo tiempo. Desde Pocitos, el barrio de Montevideo donde vive, contó que conoce muy bien el pasado de su pueblo esclavizado. Ese oprobio del colonialismo que le enseñaron en la escuela y de cuyas marcas el hombre, desde que es hombre, no puede despegarse.

– ¿Conociste la isla de Goree frente a Dakar, de donde salieron 20 millones de personas entre los siglos XVI y XVIII para ser esclavizadas en América?

– Sí, obvio, y de hecho fui a visitar el lugar. Cuando lo vi, al principio no lo creía. Desde ahí trasladaban gente, la vendían, hay un montón de cosas como esposas, unos caños para atar a los esclavos… Es algo que yo todavía no lo puedo entender y seguramente no lo voy a entender nunca. Me parece una locura. Vi algunas fotos que están en la pared y comprobé que podían ser tus abuelos, tratados como si fueran animales para revenderlos, solamente por su color de piel. No tengo realmente palabras para definir eso.

– ¿Tus padres te habían hablado de esas historias, te contaron alguna vez sí tuvieron antepasados que sufrieron la esclavitud?

– No, son historias que te las enseñan en la escuela y uno empieza a aprenderlas ahí, donde te explican todo. De hecho, cuando tenía vacaciones en el colegio íbamos todos a visitar esa isla.

– ¿El fútbol en África es la principal salida laboral para cualquier joven que quiere superar las malas condiciones de vida?

– Sí, claro, es la salida más fuerte y más común, la más tranquila que buscamos todos los jóvenes de África, pero también de América. Es, diría, la chance más feliz. El fútbol ayuda mucho en todos los lugares del mundo. Un montón de jóvenes sueñan con jugar afuera y hacer un contrato con un club grande. En mi caso, además de una pasión es mi trabajo. Yo con mi cuerpo trabajo y esta experiencia me permitió salir del país.

– ¿Qué le recomendarías a un futbolista de Senegal que quiera venir a jugar a la Argentina o Uruguay basado en tu experiencia?

– Primero le diría que no va a ser fácil, que hay que estar preparado para vivir solo y además, que es muy lejos. Segundo, que el fútbol es muy duro y que vivirá cosas buenas pero también malas. Pero hay que ir superándolas, demostrar carácter, ser humilde, tener buena onda con todos, y estar preparado porque el racismo no existe solamente en Uruguay o en Argentina. Hay por todo el mundo. Pero si uno piensa que te van a decir algo y te vas a pelear, todo el tiempo pasaría eso. En la vida se trata de hacer otra cosa, no pelearse y golpear.

Ousmane capitán y campeón de la Reserva con Lanús. (Prensa Lanús)

– ¿Qué podés decir hoy de los ataques racistas que sufriste en la cancha de Wanderers?

– Que fue una locura. Yo no lo podía creer, porque pensé que acá la gente era mucho más tranquila, mucho más educada, pero nada que ver.

– ¿En el hecho intervinieron varias personas o fue una sola?

– Eran varias, como cinco o seis.

– ¿Gente joven o gente grande?

– Gente grande, no eran chicos. Yo lo miraba a uno y le decía: “pero sos grande”… Tenía barba, no era un joven de treinta y pico de años.

– ¿Hiciste una denuncia formal?

– No, no la hice, no hice nada, y no quería saber más nada de ese tema. Pero el club sí la hizo y a esa gente la encontraron por los videos, la suspendieron y no puede entrar a la cancha. El fútbol uruguayo me acompañó bastante. Me llamó la Mutual de Futbolistas, publicó una denuncia y sentí el apoyo más que nada de mis compañeros.

«El fútbol es la salida más fuerte y más común, la más tranquila que buscamos todos los jóvenes de África, pero también de América. Es, diría, la chance más feliz»

– ¿Fue solo en ese partido?

– Sí, en ese partido solo, nomás.

– ¿Sos fuerte de la cabeza?

– Sí, muchas cosas no me entran a mí. No me importa lo que diga la gente, no me importa.

– Si tuvieras que profundizar algo más en la esencia del racismo que soportaste, ¿qué dirías?

– Lo negativo es que, por más que te quieran, a donde vayas te miran como a un negro. Por más que haya que gente que no es racista, que no es nada, igual, te miran de otra forma y no como a las otras personas. No sé si me explico. Siempre te miran, por más que te quieran mucho, como si ser negro fuera para la joda, pero algo te tienen que decir. Que sos negro. Esas son las cosas que no entiendo. Que me pasan a mí como a otro hermano que está jugando en Francia o en todos lados.

– ¿Tenés un hermano jugando en Francia?

– No, no, es mi amigo, son mis amigos y yo les digo así.

– En el Islam se los llama de ese modo a los que profesan la misma fe?

– Sí, sí, exacto.

– Vos sos musulmán, ¿adquiriste el credo desde la familia o fue una decisión personal posterior?

– Viene de familia, desde que nací y sigo esos pasos por más que hace cinco años vivo afuera de Senegal y de que voy cada fin de año a mi país a ver a mis hermanos. Sigo respetando las costumbres del Islam.

– ¿Qué pasó con vos en Lanús? ¿Por qué no seguiste tu carrera en el club?

– Yo tenía mucha esperanza, mucha fe de que iba a seguir jugando en Lanús por mucho tiempo porque mostré cosas para quedarme. Empecé de la nada, y en Reserva en cinco o seis partidos ya era el capitán. Salimos campeones, venía jugando bien y no es que hacía todo bien, obvio, pero eran más las cosas buenas que malas. Después firmé contrato, me puse muy feliz y empecé en Primera. Pasé una pretemporada con el plantel y me bajaron a Reserva de vuelta. Fue duro pero seguía jugando porque creía que iba a volver a Primera. Cuando salimos de la pandemia el técnico Zubeldía no me llevó de pretemporada y sí a otro chico que era suplente, que no jugaba y yo no fui. Fueron cosas que me dolieron mucho.

-¿Cómo estás viviendo tu experiencia en Albion?

– Bien, aunque al principio yo estuve como cuatro fechas sin jugar por el tema de los papeles cuando llegué a Montevideo y empecé a hacerlo recién en la quinta fecha. Al principio no tuvimos buenos resultados, pero ahora venimos ganando varios partidos y estamos más compactos, más sólidos y el técnico ahora sabe bien el equipo que tiene, a qué puede jugar y porque antes las cosas no salían, porque no nos conocíamos. Pero ahora estamos muy bien, estamos más vivos.

-¿Cómo era un día en tu vida cuando estabas en la Argentina y no tenías que entrenar o jugar al fútbol?

-En general tenía muchos amigos que conocía con los que iba a tomar mate, a tomar algo, a comer. La pasaba bien y había un montón de cosas para hacer como ir al parque o ver a un montón de gente. Hubo un momento en que tuve pareja también y la verdad es que disfrutaba bastante. Una vez me tomé una semana de descanso, fuimos a Mar del Plata con algunos compañeros y la pasé bien, conocí un lugar que no conocía. Vivía en Villa Urquiza y todos los días viajaba ida y vuelta hasta Lanús. Lo que pasa es que cuando recién llegué a la Argentina, no conocía y mi representante no me quería dejar en la pensión porque yo no sabía hablar en español. Disfruté con la gente día a día y sentía que era muy querido en el club.

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