lunes, diciembre 5TUNUYAN - MENZODA - ARGENTINA

Marc Anthony fue un huracán caribeño desatado sobre la fría noche de Buenos Aires


Con dos shows en el Movistar Arena de Buenos Aires (el segundo será esta noche) Marc Anthony presentó una batería de hits junto a algunos temas de su nuevo álbum, décimo tercero de su carrera, titulado Pa´llá voy. Una mezcla de sones salseros, boleros, baladas y música pop que lanzó el 4 de marzo de este año.

Marc Anthony en el Movistar Arena. Foto German Garcia Adrasti

Marc Anthony en el Movistar Arena. Foto German Garcia Adrasti

Y anoche, en el primer recital, el boricua dejó bien sentados sus reales, validando el mote que le endilgaron sus fans desde Miami hasta la Argentina: El Flaco de Oro.

A bailar desde el primer minuto

Marc Anthony se cargó la salsa al hombro, agarró al Caribe por los pelos y lo trajo arrastrando hasta el confín Sur del continente. Ataviado con un saco de cuero negro, pantalón de jean, polera negra y gafas de sol, Anthony, cuyo nombre real es Marco Antonio Muñiz Rivera, no perdió tiempo y fue directo a lo que vino: poner a bailar a su auditorio desde el primer minuto.

Marc Anthony en el Movistar Arena. Foto German Garcia Adrasti

Marc Anthony en el Movistar Arena. Foto German Garcia Adrasti

Montado sobre la precisión apabullante de una banda de virtuosos, Anthony arrancó su show bien arriba con el tema que abre y le da título al nuevo disco. Nada de charlitas insulsas aquí. No hay tiempo que perder. Porque toda esta gente se va a llevar el equivalente en ritmo y canciones a la pequeña fortuna que pagaron por acompañar a su ídolo.

Un showman sobrio y medido, un frontman con más de treinta años de experiencia que conoce a la perfección la consecuencia de cada uno de sus movimientos en escena. Simpatía es el nombre del juego.

A las 21.14 empezó a sonar la banda y exactamente cuatro minutos después, cuando ya el público se puso bien calentito, apareció él. Una hora y media dura el show (bises incluidos), que terminó como empezó, a ritmo de locomotora imparable. Trece canciones desgranó en ese lapso el puertorriqueño, y sólo habló para decir: “Hola Argentina, por fin, por fin, por fin”. No hace falta más nada.

El público coreó cada uno de los temas. Y el Arena era una olla a presión que podía reventar en cualquier momento.

Un público latino

Marc Anthony en el Movistar Arena. Foto German Garcia Adrasti

Marc Anthony en el Movistar Arena. Foto German Garcia Adrasti

Ese público tan colorido, tan variopinto y latino, compuesto de una gran cantidad de venezolanos (Marc Anthony comenzó a visitar Venezuela hacia fines de los años ’90, lo conocen bien por allá) como de colombianos, peruanos, brasileros y por supuesto argentinos, es donde se apoya el artista para recobrar aire, para hacerlos cantar, para arengarlos y seducirlos gracias a los primeros planos de las cámaras que replican su imagen en las tres pantallas LED, en dimensión panorámica.

Y el ambiente se va espesando a medida que avanza el recital. En el bolero-guajira Hasta ayer el guitarrista argentino Mario Guini hizo hablar a su guitarra Fender Stratocaster con un solo que hizo temblar al estadio. El séptimo tema fue un medley de baladas imbatibles: Abrázame muy fuerte, Almohada (un homenaje a su amigo José José) y una versión personal del ¿Y cómo es él? de José Luis Perales.

El show no dio respiro. Marc lo deja todo en escena, pero la banda no le va en saga. Con cuatro percusionistas funcionando como los engranajes de un reloj, se suceden los momentos apoteóticos. La dupla de congas (Eric Vélez) y timbales (Jessie Caraballo) ofreció una interacción tan ajustada y sincronizada que por momentos recordaron a los percusionistas de Santana (Chepito Areas-Armando Peraza o Raúl Rekow -Carl Perazzo, dependiendo la época).

Marc Anthony en el Movistar Arena. Foto German Garcia Adrasti

Marc Anthony en el Movistar Arena. Foto German Garcia Adrasti

El propio cantante subió los peldaños de una escalinata y se sentó a la batería para sumarle tambores a la endiablada percusión de Contra la corriente, un tema incluido en su tercer álbum del mismo nombre, publicado en 1997.

Luego vinieron Que precio tiene el Cielo y Mala, otro de los cortes del nuevo material. Marc Anthony empuja desde el escenario, se pone de espaldas al público para dirigir a su orquesta, baila y mueve la pelvis en plan Elvis rumbero, matiza los tonos de su voz y hasta se emociona cantando Flor pálida

Heredero innegable de la estirpe de cantantes salseros (no casualmente también puertorriqueños) como Cheo Feliciano, Ismael Miranda, Ismael Rivera o Pete “El Conde” Rodríguez, Marc sin embargo representa a una generación más joven, enraizada, es verdad, en la tradición de la salsa neoyorquina pero al mismo tiempo con un pie puesto tanto en el crossover de un pop caribeño como en determinados aires bolerísticos modernos.

Y para afianzar esta mezcla de estilos que conserva intacto su mascarón de proa, los arreglos de la sección de vientos (dos trompetas y tres trombones) remiten tanto a los de Johnny Pacheco junto a la Fania All Stars como a los del ex parcero de Rubén Blades, el trombonista Willy Colón, y a las mejores grabaciones de la Miami Sound Machine de Emilio Estefan Jr.

Es decir: esta gente sabe bien lo que hace, y lo demuestra sobre el escenario del Movistar Arena canción tras canción.

Mérito propio

Marc Anthony en el Movistar Arena. Foto German Garcia Adrasti

Marc Anthony en el Movistar Arena. Foto German Garcia Adrasti

Esta es la séptima visita de Marc Anthony a la Argentina: vino en 2011, dos veces en 2012, en 2013, 2016, 2018 y 2022. Y en cada uno de esos viajes dejó un tendal de nuevos seguidores y docenas de clubes de fans (aunque sólo tres son los oficiales aquí). El tipo se lo viene ganando a pulso.

Y no sólo eso; para sus detractores, que en algún momento habían echado a correr el rumor de que todo se lo debía él a la popularidad obtenida luego de su matrimonio con Jennifer López, con quien estuvo casado entre 2004 y 2011, dejó un mensaje bien claro: lo suyo es puro mérito propio.

Aquella especie cobró cuerpo en 2006, cuando Marc interpretó en cine la vida del célebre y desafortunado (murió de SIDA en 1993) cantante de salsa Héctor Lavoe junto a su esposa de entonces quien además era una de las productoras de ese film.

Sin embargo la ligazón de Anthony con el cine viene desde 1993, cuando colaboró con una de sus canciones (Parece mentira) en el film de Brian de Palma Carlito´s Way, y luego participó como actor en diez películas más, de diversos y reconocidos directores.

En el medio, Anthony cantó con grandes luminarias, desde José Feliciano, Olga Tañón y Marco Antonio Solís hasta Chayanne, Carlos Vives, Thalía y hasta los mismísimos Cypress Hill.

Hoy, en pareja con la modelo y empresaria paraguaya Nadia Ferreira, treinta años menor que él, luego de tres matrimonios y cinco hijos, y llegando a los 54 (los cumple el próximo 16 de setiembre) Marc Anthony parece no tener techo.

Y es además el eslabón perdido que linkea la salsa (ese género creado por los portorriqueños de New York en la década del 60 sobre la base del son montuno caribeño), el nuevo bolero, la canción romántica y el pop con envidiable naturalidad. El nuevo álbum es un éxito de ventas y sus shows son totales sold out.

«Buenas noches, Dios me los bendiga», dice como despedida, pero faltan los bises y son dos de esas canciones que encienden las luces, literal por las linternas de los celulares del publico. Canta Tu amor me hace bien, esa canción que, dicen, le dedicó a su ex, JLo (hoy casada con el actor Ben Afleck) y Vivir mi vida.

Marc Anthony es un huracán caribeño desatado sobre la fría noche de Buenos Aires. Nada lo puede parar, es fuego puro. Pero para la próxima vez alguna organización de defensa del medio ambiente debería prohibirle la entrada a este hombre. Ciertamente con tanto calor los glaciares corren peligro real de derretimiento.

MFB



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