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cómo fue la intimidad del álbum más exitoso y lleno de hits de Andrés Calamaro


Hay discos con grandes canciones y hay álbumes con hits, pero también existen trabajos que son perfectos, de principio a fin. Tal es el caso de Alta suciedad, una obra donde Andrés Calamaro plantó bandera y se ubicó en la cima de popularidad del rock argentino.

No sólo tuvo muchísima difusión radial y rotación de videoclips en los canales de música (MTV, Much Music, Music21, Telehit, CM), sino que la venta de CDs fue astronómica: superó las 700 mil copias. En el ranking histórico se ubicó apenas debajo de El amor después del amor, otro disco perfecto.

Alta suciedad salió el 9 de septiembre de 1997 y hoy cumple 25 años. Bodas de plata. En todo este tiempo revalidó una y otra vez su categoría de «clásico» y sus canciones siguen siendo verdaderos hits atemporales.

La tapa de Alta Suciedad, de Andrés Calamaro.

La tapa de Alta Suciedad, de Andrés Calamaro.

En general, un disco suele tener un par de cortes de difusión memorables, pero no Alta suciedad. Tuvo siete. A saber: Loco, Flaca, Alta suciedad, Crímenes perfectos, Media verónica, Me arde y Donde manda marinero.

Lo insólito de esa lista es que cualquier de las demás canciones del álbum también podrían haber sido singles, por ejemplo Todo lo demás también, Elvis está vivo, Comida china, Quién asó la manteca?, El tercio de los sueños, Nunca es igual y El novio del olvido.

En total eran 14 temas, aunque algún desprevenido hoy puede equivocarse y agregar el cover de Catalina Bahía, que en realidad fue un single que se agregó en reediciones posteriores.

Un plan perfecto

Andrés Calamaro en Nueva York, sobre el final de la grabación de Alta Suciedad. Foto archivo Clarín.

Andrés Calamaro en Nueva York, sobre el final de la grabación de Alta Suciedad. Foto archivo Clarín.

A la hora de armar el plan para retomar su carrera como solista, tras seis años con Los Rodríguez, Calamaro se puso a componer y evaluó los posibles pasos a seguir.

Podía armar todo en su estudio casero, al mejor estilo de su legendario Hornero Amable, que tenía montado en su casa en Palermo a fines de los años ’80. Pero es cierto que ya lo había hecho y no le representaba un desafío nuevo.

Otra posibilidad era convocar a muchos de sus amigos y colegas famosos, aunque también era algo que ya había llevado a cabo en sus primeros cuatro discos como solista, donde contó con Charly García, Luis Alberto Spinetta, León Gieco, Gustavo Cerati y Fito Páez.

El camino elegido fue hacer todo en Estados Unidos, un plan más ambicioso y digno de la época del 1 a 1 argentino, donde un peso equivalía a un dólar. Por supuesto que antes tuvo dos etapas de composición, premio y posterior a una gira final de Los Rodríguez junto a Joaquín Sabina. Además, en esos días consiguió un ansiado contrato discográfico que era casi un cheque en blanco.

Una grabación de lujo

Andrés Calamaro en Nueva York, sobre el final de la grabación de Alta Suciedad. Foto archivo Clarín.

Andrés Calamaro en Nueva York, sobre el final de la grabación de Alta Suciedad. Foto archivo Clarín.

Calamaro rápidamente se aseguró tener como técnico de grabación y productor a Joe Blaney, el legendario técnico de Charly García desde Clics modernos, y con quien Andrés ya había trabajado en el último disco de Los Rodríguez, Palabras más palabras menos.

A la hora de buscar músicos, Joe y Andrés anotaron nombres dignos de un dream-team: músicos de sesión que los habían fascinado en discos de John Lennon, Aretha Franklin, Steely Dan, Tom Waits, Elvis Costello y Keith Richards.

Las guitarras del disco estuvieron a cargo de Hugh McCracken, que tocó con Steely Dan y en Double Fantasy de Lennon. Los solos fueron de Marc Ribot, el mismo de Rain Dogs de Tom Waits y Spike de Elvis Costello. El tercero es Eddie Martínez, que tocó con Lou Reed y Robert Palmer, además del primer disco solista de Mick Jagger y el famoso King of Rock de Run-DMC.

Para la batería llamaron a Steve Jordan, de los X-Pensive Winos, la banda de Keith Richards. Y como diría Pappo, «con dos bajistas suena mejor», así que convocaron a Charly Dryton (también de los Winos) y Chuck Rainey, ex-músico de Aretha Franklin.

Según contó el propio Andrés, «Llevamos a estos músicos porque son los masters que grabaron en nuestros discos favoritos; no porque los necesitáramos sino porque lo queríamos. Hasta último momento barajé la posibilidad de usar mis grabaciones domésticas, pero finalmente grabar con músicos de sesión fue una experiencia formidable. Yo había hecho demos rústicos pero graciosos con todas las voces e instrumentos».

Los últimos toques de grabación y mezcla se hicieron en Miami, donde se sumó la participación de Celeste Carballo en coros, y dos cameos: Palito Ortega y Antonio Escohotado, el primero susurrando «Are you lonely tonight» en Elvis está vivo, y el filósofo español en un recitado dentro del reggae Nunca es igual.

Como dato anecdótico, para el título se barajaron nombres como El otro lado del novio del olvido y Decidí contarlo, pero finalmente quedó Alta suciedad, como la canción que abre el disco.

El guiño al porrito

Calamaro en 1994, en la época del juicio por la frase del "porrito". Foto archivo Clarín.

Calamaro en 1994, en la época del juicio por la frase del «porrito». Foto archivo Clarín.

Autorreferencial con elegancia, Calamaro se dio el gusto de mencionar la frase «Voy a salir a caminar solito, sentarme en un parque a fumar un porrito», recordando los problemas legales que le había dado en 1994 decir «¡Qué linda noche para fumarse un porrito” en un show multitudinario y gratuito en La Plata. Se le inició una causa por apología del delito, aunque luego terminó sobreseído.

El primero de muchos discos geniales

A veces Andrés parece renegar de Alta suciedad, pero en realidad lo que ocurre es que le incomoda que se hable tanto de ese disco y no tanto de otras grandes obras suyas, por ejemplo el doble Honestidad brutal y el quíntuple El Salmón, que cerraron una etapa de descontrol compositivo y ansiedad por demás.

Calamaro en vivo en Madrid, 1999. Foto archivo Clarín.

Calamaro en vivo en Madrid, 1999. Foto archivo Clarín.

Con el cambio de siglo, una vez vencido el temor de volver a los escenarios, Calamaro siguió haciendo excelentes trabajos que bien vale la pena redescubrir. Por ejemplo los covers (y el inmortal Estadio azteca compuesto con Marcelo «Cuino» Scornik) de El cantante, la unión con Litto Nebbia en El palacio de las flores, el exitoso La lengua popular y el más reciente Cargar la suerte. Y hay más, por supuesto.

A lo largo de sus discos, Andrés Calamaro siempre desplegó un talento único para pasar de lo particular a lo general: parece que habla sólo de sí mismo, pero consigue una identificación y empatía inmediata, donde el oyente siente que puso en palabras lo mismo que él sentía.

Tal vez sea un artista capaz de sintonizar el inconciente colectivo y hablar de los pequeños grandes problemas del mundo actual. Es una cualidad de muy pocos, los más grandes, y Alta suciedad es un perfecto ejemplo de ese talento único.

MFB



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