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Se entregó el contador de la banda de Los Papelitos


Hasta que alguien abrió la ventana, de la única habitación con luces encendidas, y le arrojó un papelito, que no contenía precisamente un poema de amor ni una cita. Ese papelito tenía otro tipo de líneas.

Pero el complejo de oficinas seguía a oscuras, sólo esa ventana tenía luz. Y de pronto, hacia allí subieron dos varones; que salieron casi en forma inmediata, como alguien que sólo fue a saludar o a realizar un apurado intercambio.

Los policias vieron que a uno los recibió “un masculino de tez blanca, cabello corto, de 35 a 40 años de edad”, como describieron después en la típica redacción policíaca. “El masculino lo hizo ingresar y lo atendió en lo que sería el hall. Y que como resultado de las tareas de inteligencia efectuadas por la fuerza, se logró determinar que la persona que tendría una Oficina en ese complejo de oficinas, sería Pablo Fiochetti, quien se movilizaría en un automóvil Toyota Corolla, de color gris oscuro, patente X”, concluye la nota 113/22, que consta a fojas 15 de un expediente que recién comenzaba, y que fue elevada al fiscal federal.

Este solicitó comenzar con “las labores de inteligencia y de campo, tendientes a determinar si efectivamente el sospechado estaría involucrado con maniobras ilícitas”.

Apenas 4 días después del paseo del comprador en la esquina citada bajo las oficinas de Fiochetti, una denuncia anónima señaló a este mismo personaje como responsable de haber vendido estupefacientes al hijo del denunciante quien señalaba en su declaración que Pablo “se pasa el día armando papelitos”, y lo responsabilizaba por tener que mandar a su hijo a rehabilitación por los estupefacientes adquiridos.

Ante semejantes señales, la justicia federal del sur provincial ordenó intervenciones telefónicas, y a medida que iban escuchando decidieron ampliar los abonados a intervenir porque surgía claramente que Fiochetti no estaba solo.

Primero, saltó el nombre del abogado Alberto Amorós, luego el de un Matías Marín, una Verónica López y un contador Federico Cramero.

Y lo que se escuchaba era que estos vendían droga que les proveía un hombre que venía de Buenos Aires, Mario Andrés Gargiulo, ya denunciado hace 3 años por otras tropelías en un San Rafael que le ha dado cobijo y dividendos.

Lo que había que hacer era esperarlo a Gargiulo cuando llegara con la mercadería, y así lo hicieron, con la colaboración del perro olfateador, Aquiles, de la Federal, en la terminal de ómnibus de San Rafael.

Y así se montó el operativo del pasado 27 de agosto en el que al requisarlo, le hallaron 1032 gramos de cocaína compactada.

A ello, le siguieron los allanamientos en diversos domicilios sanrafaelinos, uno de los cuales llamó la atención apenas se libró el oficio porque era coincidente con el que se había registrado en otra causa, en el Sumario Nº 433/22 de la División San Rafael: era una casa de la calle Namuncurá al 400, donde días previos, habían encontrado 378 gramos de cocaína. Y era el domicilio de Matías Federico Marín.

Ahora, encontraron de todo en cada casa requisada: por ejemplo, en el piso de la calle Chile, desde caían los famosos papelitos a los previamente citados a la vereda, hallaron picador de marihuana y cogollos.

En el de Cramero, por calle Benielli, secuestraron una estructura de lo que sería utilizada para cultivo de Marihuana tipo “IN DOOR”, una caja que dice “KANBIS CANNABIDIOL, dos jeringas sin usar, 4 recortes de bolsas de nylon de distintos colores. Pero cuando fueron a la cocina había otras cosas más interesantes, en el aparador encontraron un picador de marihuana y una bolsa con lo que parecía marihuana, uno 7 gramos, no más; un vidrio con cogollos, unos 16 gramos, y una libreta conteniendo anotaciones que quizá sea de interés para la causa.

También se llevaron de ahí un tupper con marihuana, una bandeja de plástico y en una bolsita, con la misma mercadería. Y en la habitación le ubicaron otra bolsita con 5 gramos de lo que parece ser picadura de marihuana, que también tenían otros tipos de recipientes, más un bolso con algunos poquísimos dólares.

En la casa del señalado como proveedor, Gargiulo, el resultado del allanamiento fue similar y más interesante, incluso. Es que en esa casa de calle Clemont, había una balanza digital color gris conteniendo restos de una sustancia color blanca símil a cocaína, y llamativamente la cédula de un vehículo que está registrado a nombre de Pablo Fiochetti. Es decir, el vínculo entre ambos era más que claro.

En calle Carlos Lencinas, al 200, la Federal de subió al departamento del abogado y le encontró: un nudo de nylon color verde conteniendo en su interior sustancia vegetal con olor y color símil a la marihuana, un plato playo cerámico color negro el cual poseía una piedra pequeña de sustancia color blanco que dio positivo al test de sustancia tóxica; y en las habitaciones lo típico de estos cacos: balanza, envoltorios con semilla de mariguana, etc.

Con la puesta a disposición de la justicia de Cramero, se espera que pronto se concluya la toma de declaraciones indagatorias, y se encamine el caso a su no muy lejana elevación a juicio.



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