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Castilla, un pueblo que resurge tras la pandemia gracias al turismo rural y la gastronomía


Noelia y Mariano los dueos de El stud
Noelia y Mariano, los dueños de «El stud».

Aunque lleve el nombre del reino donde supo gobernar una tal Isabel La Católica, Castilla es un pueblo bonaerense ubicado en el partido de Chacabuco, a 150 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires. Supo tener unos 3.000 habitantes, 40 tambos, dos empresas lácteas y un frigorífico. Pero en los ‘90 el ferrocarril San Martín dejó de pasar por la estación y los vecinos comenzaron a emigrar en busca de trabajo y nuevos aires.

Hoy la localidad que tiene apenas una calle asfaltada, dos clubes, dos plazas, y un moderno hospital tiene 700 pobladores. Por eso algunos de ellos decidieron unirse para ayudarlo a crecer y recuperar su antiguo esplendor e instalarlo en el mapa gastronómico y turístico bonaerense. La iniciativa tiene una fecha y un lema: este fin de semana presentarán el Primer Festival de Castilla, que se realizará en noviembre y tendrá música, baile y gastronomía para convocar a gente de toda la región. 

Asado a la estaca la principal atraccin de El stud
Asado a la estaca, la principal atracción de «El stud».

El puntapie inicial lo dio la familia Ontiveros-Morra durante la pandemia. Después de que el hermano de ella falleciera de cáncer y sobreponiéndose al dolor, Noelia y Mariano decidieron convertir el stud donde criaba caballos de carrera y de polo en los confines de Castilla en un restaurante de campo.

Lo abrieron en diciembre de 2021 después de anunciarlo en redes sociales. En dos horas tenían 180 reservas y tuvieron que duplicar los cubiertos. Desde entonces, la demanda no ha bajado. Los viernes y sábados por la noche reciben a una mayoría de vecinos y los fines de semana al mediodía, a gente que llega desde la Ciudad de Buenos Aires o las localidades cercanas.

Los vecinos apuestan al turismo rural y a la gastronoma
Los vecinos apuestan al turismo rural y a la gastronomía.

De entrada estuvo claro el reparto de tareas: Noe en la cocina a cargo de las empanadas y Mariano como mozo. Empezaron a ofrecer tablas de fiambres, vació, costillas y lechón a la estaca, achuras y pastas. En las noches frías, gran variedad de guisos y chorizos a la pomarola. Pero pronto se sumó la familia. Marta, la mamá de ella, que fue cocinera en la estancia más grande de la zona, se adueñó de los postres y sumó a la carta sus proverbiales lemon pie, tarta de frutilla, tiramisú y flanes caseros; Vanesa, la hermana que se había ido del pueblo, volvió para colaborar en el proyecto.

«Empezamos a organizar almuerzos y días de campo todos los fines de semana y la demanda creció exponencialmente. Entonces decidimos apuntar al turismo rural y lograr que la movida beneficiase a todo el pueblo», cuenta Morra, quien se ocupó de difundir la propuesta en redes sociales con imágenes, folletos y videos.

Frente a la plaza del pueblo encontró un aliado en Carlos Mazzetti, de la pizzería y cervecería Arte-Sano. «Somos un pueblo de pocos habitantes así que para subsistir necesitamos que venga gente de afuera», admite desde detrás del mostrador del lugar donde sirven variedad de pizzas, empanadas, milanesas, picadas de mar, cerveza tirada, gaseosa y tragos.

Él y su familia comenzaron abriendo solo por las noches, los viernes, sábados y domingos por la noche pero desde noviembre ampliarán días y horarios. Funcionan en una casona antigua que tiene más de 100 años pero están ampliandose a dos locales más.

Los Mazzetti los precursores de la cerveza tirada y la pizza artesanal
Los Mazzetti, los precursores de la cerveza tirada y la pizza artesanal.

«Fue un proyecto que empezó mi esposa Marta Mansilla en pandemia, haciendo cursos de manipulación de alimentos y de cocina, haciendo delivery pero con la apertura de la pospandemia pudimos abrir el local y ser los primeros en la zona que vendemos cerveza tirada”, cuenta Mazzetti, quien junto a Morra busca instalar a la localidad en el mapa gastronómico de la provincia de Buenos Aires.

Morra y Mazzetti cuentan que están decididos a involucrar a todos sus vecinos en la movida. Por eso le compran a productores locales de fiambres, chacinados, frigoríficos, dulces y conservas y suelen colocar en la entrada de sus locales puestos con productos regionales, plantas de los viveros y artesanías.

Las picadas se hacen con fiambres de la zona
Las picadas se hacen con fiambres de la zona.

«También estarán el 18 de octubre cuando hagamos una peña folclórica para anunciar el Primer Festival de Castilla que se hará el fin de semana del 20 de noviembre. Queremos que la localidad crezca y se haga visible, que venga cada vez más gente. El municipio nos apoya con un micro que hace recorridos por los pueblos cercanos para fomentar el turismo», cuenta Morra.

El camping La Capilla
El camping La Capilla.

A caballo entre el rubro gastronómico y el turístico, está la tercera pata de la iniciativa: Nicolás Luna, quien con su esposa Natalia atiende a los huéspedes del camping La Capilla. «Compramos el terreno hace ocho años para venir los fines de semana a descansar desde Villa Ballester. Pero durante la pandemia decidimos venirnos a vivir y nos reconvertimos: yo trabajaba en automatización industrial y ahora hago herrería y electricidad y Natalia daba clases de inglés y ahora las da en un entorno de contacto con la naturaleza», cuenta el papá de Milena, de cuatro años, que disfruta de ver las puestas de sol en el parque de casi tres hectáreas.

Los Luna pensaban construir cabañas pero improvisaron un cámping cuando un grupo de cicloturistas les preguntó si contaban con asadores, baños y terreno para instalar carpas y hacer “acampe rural”. “Eran de la Masa Crítica y volvieron muchas veces y nos recomendaron gente. Así que todos los fines de semana tenemos entre 25 y 35 personas acampando. También ofrecemos comidas y estamos construyendo cabañas y dormis”, completa Nicolás, mietras Natalia a su lado asegura: “No creíamos que iba a salir tan lindo. Cada día es un pedacito de un sueño”.

Nicols Natalia y Milena estn cumpliendo su sueo en un emprendimiento de acampe rural
Nicolás, Natalia y Milena están cumpliendo su sueño en un emprendimiento de «acampe rural».

Los tres vuelven a hacer hincapie en que quieren transformar la demanda en un beneficio para todo el pueblo. “Nuestro objetivo es unir a Castilla y promover cada vez más actividades. Este fin de semana una autora fanática del cicloturismo viene a presentar su libro al camping en un acto donde va a haber unas 100 personas. Creemos que hay demanda para que surjan más emprendimientos gastronómicos y de hospedaje y le pedimos a Trenes Argentinos que implemente un furgón en el tren San Martín que volvió a pasar por acá para fomentar el cicloturismo”, precisa Luna.

“Si hay una fiesta en alguno de los clubes, nosotros cerramos para que la gente vaya para allá y si vienen comensales y no tenemos lugar, los mandamos a Arte-Sano”, grafica Morra, quien promete que durante el primer festival de Castilla la cooperadora del hospital y los bomberos tendrán puestos para recaudar fondos. “Acá ninguno es egoísta y queremos que todos crezcan”, coinciden, con un entusiasmo contagioso.





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