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¿por qué las letras nombran tantas marcas en sus canciones?


¿Sabés lo que me imagino con mucha suspicacia? Que después va a haber arrepentidos de esas músicas porque para mí algunos son torturadores de oídos.¿Se podría hablar de fascismo musical? (Fragmento libro «Martropía – Conversaciones con Spinetta», de Juan Carlos Diez).

La música urbana es un entretenimiento que parece dedicarse a perfeccionar el sonido de las maracas. Y lo hace con entrañable elocuencia y sencillez. Un sonido que introdujo tres plagas: el consumismo, la rima y la uniformidad cultural.

Revisando el fenómeno de quien nos visitó días atrás, Bad Bunny, hay canciones suyas que nombran marcas como si fueran el auspicio de ciertas estrofas: Gucci y Jordan en I Like It. Puma, Mercedes, Adidas y otra vez Gucci en Tu No Metes Cabra, Victoria’s Secret en Báilame, etc.

Una imagen reciente de Bad Bunny en Vélez. Foto de Martín Bonetto.


Una imagen reciente de Bad Bunny en Vélez. Foto de Martín Bonetto.

La polémica

El debate en redes lo disparó Isabel de Sebastián, cantante, autora y ganadora de los Premios Gardel, quien vive buena parte del año en Nueva York. Dice ella: “Una de las características más llamativas de la música urbana es el uso de la palabra Gucci y otras marcas«.

«Hay docenas, quizás cientos de ellas que las mencionan. Esta música se origina en barrios de Brooklyn como el mío, con mayoría afro-americana y una historia de esclavitud atrás. Entiendo la apropiación de elementos de status de las clases dominantes por parte de los oprimidos, como el uso de cadenas de oro y marcas imposiblemente caras. Es como decir: ‘¿Ves? Yo también puedo’”.

La música urbana se parece un poco al fútbol. Y no solo porque sus figuras llenan estadios. Las letras también reflejan cierto resentimiento: algunos jugadores surgidos de la escasez dicen que nunca olvidan sus orígenes, pero viven como si realmente odiaran el hogar humilde donde se criaron. ¿Qué podría querer decir esto? Que ir de la carencia a la ostentación es saltar el limbo con garrocha.

La oda fashionista del trap le rinde tributo permanente a la marca Gucci.


La oda fashionista del trap le rinde tributo permanente a la marca Gucci.

El trap es materialista,. Raras las vanguardias, los nuevos capitales concentrados parecen estar a la orden de un discurso con acento puertorriqueño que resulta irresistible incluso para Tini, nacida y criada en San isidro. Discurso que, lejos de mostrar inquietud por trasformar las relaciones de producción, parece tener una ética fundada en las leyes del consumo y la competencia.

También podría ser vista como un rap que empieza con la letra “t”.

Desde lo estético, nadie le exige demasiado. Se lo ve como un movimiento tercermundista, menos musical que cultural y menos cultural que generacional. Nadie puede silbarlo al trap.

Nada contracultural

Dicen que la música es una de las formas artísticas para proyectar una esencia contracultural. No es el caso del trap, cuyos exponentes, a falta de pensamientos lúcidos, llenan estadios con una música funcional a la cultura de masas y la satisfacción inmediata. 

Un sonido que no se tienta por la distinción y al que tampoco le interesa la poesía más que por su cacofonía. Ni siquiera la crónica pintoresca a lo Ricardo Arjona. Mucho menos la metafísica. El trap no tiene pretensiones y, lamentablemente, nunca trata de ser algo que no es.

Repercute a través de cierta inteligencia plástica, fácil. Se sostiene sobre la base de un bla blá alrededor de la brecha aspiracional y nos hace pensar que, tras la pandemia, hemos quedado muy vulnerables.

La pregunta escapa a lo melódico y da vueltas hace rato: ¿Desde cuándo los jóvenes son oficialistas?

Fendi es una conocida marca de moda fundada en Roma. Genius, el popular portal de letras de canciones, contabilizó ese nombre en más de 258 temas del denominado género “urbano”.

El trap nacional es un aparato nacido del free style, la calle y las redes sociales. El origen de las marcas en esta disciplina viene de la genealogía del rap y nos remonta a 1985, cuando un inglés, Ricky D, nombre que figura en la historia del hip hop, insinuó una estrofa con marcas como la estimable Gucci y Polo.

Su genérico repertorio, además, puede sonar arrogante, enojado, ponzoñoso. ¿A que se debe ese carácter? Quizás sea producto de las “batallas de gallos”, esas competencias de improvisaciones donde lo importante es el cinturón ajustado de la rima.

El trapero español Yung Beef dijo en una entrevista con el diario El País: «Me gustan las marcas caras, me da igual que sea bonito…»

El rock nunca hizo ese tipo de distinciones exhibicionistas. No tiene complejo de inferioridad. Es más, durante mucho tiempo nos hizo creer que que se comportaba como un marginal sin deseos de integrarse. El trap es banana por las marcas caras. El rock, en cambio, por tener viejitos piolas a lo Mick Jagger o Paul McCartney que ahora enseñan cómo debemos llegar a viejos.

El Washington Post se dedicó exhaustivamente al asunto: la marca Fendi aparece en 851 canciones. Le siguen el comodín de Gucci y Versace con 825 y 823 menciones, respectivamente. Givenchy, Prada, Adidas, Dior, Nike, Louis Vuitton y Balenciaga también aparecen ampliamente aludidas.

En un diccionario Trap para Principiantes explican que las marcas que más aparecen tienen una o dos sílabas, lo que facilita su incorporación en las estrofas.

Un ejemplo

Un ejemplo de letra de una chica argentina (no tan) de moda sirve para ilustrar el tema de las marcas, en este caso Chanel y Louis Vuitton. Antes, como nos recuerda Isabel de Sebastián, las letras tontas decían La felicidad-da-da-da-da. Hoy dicen otra cosa.

Emilia Mernes todavía no tiene el protagonismo de otras colegas. Cantante, compositora, modelo, actriz argentina. Es un buen ejemplo de semillero para ver que las nuevas promociones de la música urbana quieren parecerse a las que se parecen.

Anuel y Bad Bunny, íconos de esta tendencia musical enraizada en las marcas .


Anuel y Bad Bunny, íconos de esta tendencia musical enraizada en las marcas .

«Fui pa’l mall y me gasté cinco mil/ Lo que tengo puesto vale tres mil/Les molesta que yo sea la queen Baby/ why you talk about me?

Toy a nada de comprarme la chain/ Hace mucho estoy vistiendo ‘e Chanel/ Son tendencia si taggeo sus name’ (…) Hoy las nena’ de Argentina se adueñaron del game/ Me están mirando el brillo de mis eyes/ Yo estoy chequeando (el brillo de mis Nike)».

Nadie rompe el molde. Vas entrando, vas adquiriendo el adecuado tono de voz, te vas resfriando. ¿Hay trap más allá del beboteo? Y te hacés llamar Trueno o te ponés una clave de Balenco (Tiago PZK) y a manejarse como un terraplanista usando un mismo productor musical, el incansable Bizarrap.

Hubo discusión con el posteo de Isabel. El productor Gustavo Kweller intervino: “Esto es la expresión cultural proveniente de la ausencia de sueños colectivos, del desdén por la historia, presente y futuro, por el prójimo, un arte únicamente utilitario y entretenedor. No es que no suene bien, que no haya alguna canción interesante o que no tenga gracia, pero le falta el 98% de la materia para conectar a un nivel profundo y trascender su época”.

Emilia Mernes canta letras alrededor del modelo social de consumo y aspiracional. Foto Prensa: @monogomez1


Emilia Mernes canta letras alrededor del modelo social de consumo y aspiracional. Foto Prensa: @monogomez1

«Trap» quiere decir “trampa o atrapar”, pero en un argot de pandilla yanqui, debe traducirse como «narcotraficar». Javier Arroyuelo, periodista y escritor especializado en moda, colaborador de Vogue, Vanity Fair y más, se sumó a la polémica diciendo que de la música urbana, «lo más llamativo que se encuentra ha sido la irrupción masiva de las mujeres que en pocos años han ocupado un espacio muy considerable”.

Y remató: “Lo interesante sería debatir las razones del fracaso de las generaciones anteriores en lograr los cambios profundos a los que aspirábamos. La rapera que le canta a Chanel no nació de un repollo”.

MFB

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