Con una temática diferente a la desarrollada en La Sanata (el otro clásico teatral de Suárez y Lacerna sobre textos de Fontanarrosa), pero con el mismo estilo humorístico, ambos transcurren por el espíritu de personajes que, en lugar de bajonearse por la crisis, desarrollan la ilusión desde la mesa de un bar.
“Seguimos desmitificando al guapo argentino. Nos metemos en la piel de una sufriente madre que cree educar correctamente a su hijo. Mostramos uno de los nuevos oficios de la esplendorosa época que vivimos los argentinos. Nos reímos sin piedad del ridículo galán que todos llevamos adentro. Y, para hacerla completa, les echamos una ácida mirada a los humanos, con todas sus manías, prejuicios y obsesiones desde el mundo canino”, cuentan los protagonistas.
Y agregan: “Ni fu, ni fa… ni chicha, ni limonada, ni carne, ni pescado, ni muy muy, ni tan tan, ni sí, ni no, ni blanco, ni negro… Así somos los argentinos, así seguimos y este parece ser nuestro destino. Fontanarrosa y nosotros no hacemos otra cosa que aprovechar tanto material agregándole una sonrisa, una mirada crítica, un guiño cómplice y un poco de sanata, para ofrecerle al público un menú que esperamos sea del agrado de todos”.

