Sin embargo, su curiosidad intelectual y su fuego sagrado la llevaron a cruzar las fronteras del modelaje para dejar una huella indeleble en la interpretación y el arte dramático.
Los hitos artísticos de una trayectoria dorada
Su carrera frente a las cámaras y sobre las tablas está repleta de interpretaciones memorables que definieron épocas del cine y la televisión nacional: «La historia oficial» (1985): su logro cinematográfico más global e indiscutido. Bajo la dirección de Luis Puenzo, interpretó de manera magistral a Cecilia, un rol clave en la primera película argentina en ganar el Premio Oscar a la Mejor Película Extranjera. Su actuación en este drama histórico consolidó su estatus de actriz dramática de primer nivel.
Además participó en clásicos indispensables de la cinematografía local como «Un guapo del 900», «No toquen a la nena», «Nunca estuve en Viena» y «Vidas privadas».
En España también desplegó su talento en el largometraje «La campanada».
Versatilidad en Teatro y TV
En los escenarios teatrales se lució en piezas de enorme calibre como «Los días felices», «Cartas de amor» y el éxito popular «Acaloradas«.
En televisión, su rostro jerarquizó ciclos de culto y alta calidad actoral como «Atreverse«, «Verdad consecuencia», «Vínculos» y «Mujeres asesinas».
Amores, familia y exilioEn el plano personal, la vida de Chunchuna estuvo marcada por intensos lazos afectivos y un profundo compromiso con su tiempo.
Estuvo casada con el recordado músico y cantante de tangos Horacio Molina (fallecido en 2018), una unión de la cual nacieron sus dos hijas, las también artistas Inés y Juana Molina.
Tras su divorcio, su camino sentimental y político la unió al cineasta y referente político Fernando «Pino» Solanas. Debido a su militancia y coherencia ideológica, Chunchuna debió afrontar el exilio junto a su familia durante los años de la última dictadura militar, radicándose temporalmente en Francia.
Tras su regreso con los vientos democráticos, rearmó su vida y posteriormente se casó con Adolfo Juan Ángel Lavarello, de quien enviudó años más tarde.
«Ir a su casa a conversar era algo que hacía muy a menudo y sería incapaz de recordar alguna de esas conversaciones que duraban horas. No sé de qué hablábamos, pero hablábamos mucho», recordó con profunda ternura Juana Molina al despedirla en sus redes.
Chunchuna Villafañe no solo se despide como la gran modelo de la modernidad argentina o la actriz galardonada de Hollywood; se marcha como una mujer libre, honesta y adelantada a su época, cuyo verdadero logro fue habitar el mundo del espectáculo con una dignidad y una prestancia difíciles de igualar.
Su legado cultural queda asegurado en la memoria colectiva del cine nacional y en las pupilas de las generaciones que vieron en ella un modelo de audacia y elegancia rioplatense.

