
Spirit Airlines, la aerolínea estadounidense conocida por su modelo ultra low-cost, ha vuelto a declararse en bancarrota bajo el Capítulo 11 menos de un año después de salir de su primera reestructuración.
La aerolínea ha tenido un duro desafío tratando de salir a flote después de la pandemia por COVID-19. CBS News reportó el mes pasado que perdió más de 2.500 millones de dólares desde principios de 2020 y se enfrenta a pagos de deuda inminentes por un total de más de 1.000 millones de dólares durante el próximo año.
La empresa asegura que continuará operando mientras reorganiza sus finanzas bajo el Capítulo 11.
La maniobra, de acuerdo a un informe de Business Insider África, apunta a una reorganización profunda que incluye la reducción de rutas, despidos y una adaptación más agresiva de su estructura operativa.
En su anterior bancarrota, Spirit logró recortar 800 millones de dólares en deuda y obtuvo una inyección de 350 millones por parte de inversores, lo que le permitió seguir operando en marzo.
Sin embargo, la mejora fue corta: en agosto la empresa advirtió que podría no mantenerse a flote durante otro año. Como parte del ajuste, Spirit anunció una reducción de capacidad del 25% para noviembre.
En ese sentido, la empresa también dejará de operar en varias ciudades: desde el 8 de enero suspenderá vuelos en Milwaukee, Phoenix, Rochester (Nueva York) y St. Louis. Además, cancelará su servicio estacional a Bucaramanga, Colombia, a partir del 13 de enero.
Este repliegue deja un panorama más restringido para los viajeros de bajo costo. Al reducir su red, Spirit podría debilitar su competitividad en determinados mercados, lo que podría dar margen a otras aerolíneas como Frontier, JetBlue o Southwest para subir los precios en rutas donde antes competían con más intensidad.
Por otro lado, los pasajeros con reservas afectadas recibirán notificaciones sobre sus opciones, que incluyen reembolso. Spirit también aseguró que sus programas de fidelidad, como Free Spirit, y los créditos de viaje seguirán activos, al menos durante el proceso de reestructuración.
En cuanto al personal, la aerolínea ha decidido recortar parte de su plantilla. Se espera la suspensión de alrededor de 1.800 auxiliares de vuelo a partir de diciembre. Y se contemplan recortes también entre los pilotos, como parte de la estrategia para reducir costos operativos.
Spirit defiende que este nuevo proceso de bancarrota será más “exhaustivo” que el anterior y permitirá reorganizar la empresa con más herramientas.
Según revela una nota de Aviacionline, aseguran que la declaración de quiebra no implicará una paralización inmediata: la venta de pasajes, el uso de puntos de fidelidad y los vuelos programados seguirán operando con normalidad.
No obstante, el futuro no está exento de riesgos. En su último informe, los directivos advirtieron que sus flujos de caja deben mejorar más rápido de lo que estiman actualmente para cumplir con sus obligaciones. Si no logran estabilizar su situación, podría haber más ajustes y las opciones de vuelos económicos podrían seguir estrechándose.
Para los consumidores, la segunda bancarrota de Spirit representa una señal de alerta: los vuelos de bajo coste podrían volverse menos accesibles en algunas rutas y la competencia entre aerolíneas podría transformarse en una presión para subir precios, especialmente en rutas donde Spirit se retire. De todas maneras, el futuro de la conocida compañía todavía no está escrito y podría resurgir en 2026 con más fuerza.

