Escuchar a alguien que se queja todo el tiempo puede agotar rápido. Estas personas, en la práctica, pueden llegar a quitar la energía, tal cual lo hacían los dementores en la prisión de Azkabán en la saga de Harry Potter.
Frente a esto, la reacción más común del interlocutor es intentar ayudar: ordenar ideas, ofrecer posibles soluciones y proponer cambios. Sin embargo, ese impulso no siempre mejora la situación y, en muchos casos, termina sumando presión.
Víctor Amat, psicólogo y excampeón de kickboxing. Foto: FacebookSegún el psicólogo español Víctor Amat -conocido por ser un excampeón europeo de kickboxing y autor de libros como Psicología Punk– muchas quejas no son pedidos de ayuda, sino de reconocimiento. “La gente se queja para ser sostenida, no para ser intervenida”, resume en una reflexión que se volvió viral por su claridad y simpleza.
Desde esa mirada, el eje no está en cambiar al otro, sino en cuidar la propia energía emocional. Escuchar sin entrar en modo solución puede ser una forma más sana -y más realista- de vincularse con los demás y también de cuidar la propia energía.
Amat plantea una distinción clave: no toda queja es un problema a resolver. En muchos casos, la persona solo necesita que alguien valide lo que le pasa, sin que le expliquen qué debería hacer distinto.
Intervenir sin que nos lo pidan puede generar el efecto contrario al esperado. El otro puede sentirse juzgado o poco comprendido, como si el mensaje fuera “lo estás manejando mal”, aunque no sea esa la intención.
Por eso, la propuesta es concreta: escuchar, reconocer y no ir más allá. “La queja siempre busca reconocimiento”, sostiene Amat, y entender eso cambia por completo la forma de responder.
Responder a todas las quejas con consejos implica un desgaste emocional que no siempre vale la pena. Amat habla de “ahorrar energía” como una forma concreta de autocuidado, sobre todo cuando la queja se vuelve repetitiva.
En ese contexto, hay respuestas breves que suelen funcionar mejor que una explicación larga cuando una persona se está quejando:
Las personas que se suelen quejar constantemente son difíciles de aconsejar. Foto: FreepikEste tipo de respuestas no solucionan el problema, pero cumplen con lo que la otra persona está buscando: sentirse escuchada.
Cuando alguien no pidió ayuda concreta, recibir consejos puede resultar invasivo. Desde la psicología, esto se asocia a la sensación de invalidación: en lugar de alivio, aparece frustración.
Amat lo explica de forma directa: cuando intervenimos sin que nos lo pidan, el mensaje implícito suele ser “esto lo estás haciendo mal”. Por eso propone algo más simple y menos desgastante: escuchar, reconocer y cerrar ahí.
De ese modo, quien se queja se siente comprendido y quien escucha no queda atrapado en una dinámica que no eligió.
Víctor Amat es psicólogo y terapeuta español, con más de 25 años de experiencia clínica, y se hizo conocido por un enfoque que muchos definen como “psicología punk”. Él mismo rechaza las consignas de felicidad permanente y cuestiona la idea de que siempre haya que “ponerle onda” a todo, incluso cuando la realidad duele.
En esa línea, suele repetir frases que incomodan pero conectan: “Sentirse mal es humano” o “no todo se arregla pensando positivo”. Su mirada va a contramano del discurso motivacional clásico y apunta a validar el malestar sin edulcorarlo. “No estoy acá para que estés feliz, estoy para que pienses”, resume en entrevistas.
Muchas veces la queja constante de las personas puede llegar a abrumar. Foto: FreepikAntes de dedicarse de lleno a la psicoterapia, fue campeón europeo de kickboxing, una etapa que, según cuenta, marcó su relación con el esfuerzo, el dolor y los límites reales de la voluntad.
Dirige programas de terapia breve en ámbitos universitarios y fundó la Escuela Palo Bajo. Su éxito y viralización se explican por una idea central: para muchas personas, escuchar una verdad incómoda resulta más liberador que seguir recetas de felicidad obligatoria.
